La Fe Mueve Montañas…


imagenes-naturaleza-gLa fe, el don divino que nos une con nuestro Padre celestial y nos permite vivir.

Las experiencias de mi vida me han enseñado cosas maravillosas;  entre ellas, ver las situaciones adversas o “malas” como regalos divinos y actos de Fe.

Todos los días tenemos por qué dar gracias a Dios, a nuestro Padre Celestial, al Universo (o como lo denomines). Hacerlo es un acto de Fe. Desde el hecho de poder abrir los ojos y ver la luz del sol, hasta por las grandes labores que realizamos y los grandes objetivos que obtenemos así como también las “adversidades” que se nos presentan.

He comprendido que las cosas “malas” que nos suceden en realidad no son malas, son regalos que recibimos para crecer y/o trascender, y por ello necesitamos dar gracias.

Cuando fui diagnosticada con un tumor cerebral a la edad de veintiún años de edad, sentí que todo se derrumbó a mi alrededor, y que mis planes, sueños y proyectos que tenía en ese entonces se desvanecieron.

Aparentemente, era una mala experiencia, considerando la difícil situación en que me encontraba. Sin embargo, había una razón por lo que esto tuvo que suceder, y que pude comprender tiempo después. Una razón que me trajo la felicidad.

No obstante, la adversidad, supe aceptar la situación con beneplácito y tener la FE suficiente para superarla, y eso se manifiesta hoy en mi estado saludable.

Igualmente, hace un poco más de dos años, cuando me quedé sin pareja, sin casa, sin dinero, y con dos criaturas que mantener, mi Fe inquebrantable me permitió aceptar la situación como otra lección de vida y seguir hacia adelante.

Es muy fácil tener fe cuando las cosas marchan bien. Sin embargo, la fe se manifiesta en la adversidad. Porque es en la adversidad cuando uno demuestra Quién Es. Porque aceptar la adversidad como un regalo divino es aceptar que la adversidad realmente no existe. Solo existe la Fe o falta de Fe.

Es en la adversidad cuando se requiere recordar que somos hijos de un Padre todopoderoso y que Él nos provee de todo lo que necesitamos. Así lo vivo, lo siento y lo experimento.

Muchas veces, cuando nos suceden cosas que consideramos “malas” y no tenemos fe, la duda, la incertidumbre, la desesperación y el miedo se apoderan de nosotros. Mas, cuando tenemos fe, nada se esto se manifiesta. Por el contrario, obtenemos lo necesario para vivir y trascender.

Las cosas “malas” son solo lecciones que tenemos que pasar para crecer espiritualmente, para ir a un peldaño más alto en la escalera de la vida. La FE nos permite pasar las lecciones y subir los peldaños. Sin FE, nos quedamos estancados. La Fe nos permite dar por hecho el éxito de lo que queremos lograr, sea lo que sea. Esa es mi experiencia.

He comprendido y experimentado que “la FE mueve montañas”. Montañas de energía positiva que fluye para que podamos VIVIR. Sin fe,  no circula la energía positiva, ni el amor ni la vida. Porque la FE es AMOR. Amor a nuestro Padre Celestial y, con ello, amor a nosotros mismos.

Por eso es que es necesario dar gracias a Dios o a nuestro Padre Celestial por todo lo que recibimos, tanto las cosas buenas como a lo que llamamos cosas “malas”, porque estas situaciones son las que nos dan la VIDA, y nos dan la oportunidad de manifestar nuestra fe. Es decir, nos dan la oportunidad de manifestar cuánto amamos a nuestro Padre Celestial, cuanto creemos en El y en su infinito amor y poder.

Cuando tenemos fe, generamos pensamientos y sentimientos positivos, y actuamos positivamente. Cuando tenemos fe no nos “preocupamos”, sino más bien, nos ocupamos en nuestro trabajo interno, en nuestra misión, en nuestro propósito de vida.

Al generar pensamientos y sentimientos positivos también generamos energía positiva, la expandimos y vuelve a nosotros multiplicada y materializada en lo que necesitamos.

La fe mueve montañas… grandes cantidades de energía positiva. Soy testimonio vivo de cómo al manifestar nuestra fe suceden cosas que parecen sacadas de una historia de magia… sencillamente maravillosas!

Yo vivo por mi fe. Cada paso que doy es mi fe manifestándose. He aprendido a ocuparme de mi misión. Porque cuando uno “busca el reino de Dios” todo lo demás llega por añadidura.

Soy una persona creyente con una Fe viva, no dogmática. Porque la Fe hay que vivirla, no basta con decirla. Al tener Fe y manifestarla, es decir, al creer que mi Padre celestial me guía, me provee y abastece, estoy buscando el reino de Dios, y por ende, recibo todo lo demás por añadidura, incluida la prosperidad y felicidad.

Muchas veces, cuando nos aferramos a las cosas, a las personas o a situaciones que nos perjudican y no somos capaces de hacer un cambio, estamos manifestando duda, temor, incertidumbre, con lo cual manifestamos falta de fe.

Por eso aceptar como un regalo divino todo aquello que nos sucede, sea bueno o “malo”, según mi experiencia y perspectiva, es un acto de Fe. Todo lo demás, es lo de menos.

Y tú, ¿Cómo manifiestas tu Fe? Compártelo.

A tu servicio siempre,

Fortuna.

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